De entre los inventos tecnológicos de nuestra historia, el microscopio fue una revolución porque abrió un mundo hasta entonces era desconocido. Gracias a él, los científicos pudieron observar células, bacterias, tejidos, glóbulos rojos y microorganismos, descubriendo que la vida no estaba formada solo por lo que se ve a simple vista.
También cambió la forma de investigar, ya que muchas ideas dejaron de basarse únicamente en la observación externa o la teoría y pudieron comprobarse mirando directamente las estructuras que componen seres vivos, plantas y materiales. Pero ¿cuál es la historia de esta herramienta?
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La historia detrás del microscopio
Hoy no concebimos la exploración científica sin microscopios porque permiten investigar enfermedades desde su origen celular, identificar bacterias y virus, analizar muestras de sangre, desarrollar medicamentos y comprender cómo evolucionan los organismos.
Los avances en biología, descubrimientos de enfermedades y el avance en sus curas serían imposibles sin la ayuda del microscopio. Todo tiene un inicio, y los avanzados microscopios electrónicos de hoy poco se parecen al que dio inicio a todo.
Zacharias Janssen, el padre del microscopio
Zacharias Janssen nació alrededor de 1585 en La Haya, aunque pasó buena parte de su vida en Middelburg, una ciudad neerlandesa que entonces era un importante centro comercial y tecnológico. Su padre, Hans Janssen, fabricaba gafas y lentes.
La inspiración del joven Zacharias era clara, ya que creció entre lentes, monturas y herramientas de precisión. Es probable que aprendiera el oficio de su padre desde pequeño y que participara en pruebas para descubrir qué ocurría al colocar una lente delante de otra.
El primer microscopio
El primer microscopio atribuido a Zacharias Janssen y a su padre Hans habría sido un tubo ajustable, probablemente de madera o cartón, con una lente convexa en cada extremo. No tenía luz eléctrica, enfoque preciso ni lentes de gran calidad.
Para observar un objeto, había que acercarlo a una fuente de luz y mover el tubo manualmente hasta lograr una imagen algo más nítida. Su aumento era muy limitado, aproximadamente entre tres y diez veces según la longitud del tubo, aunque los primeros microscopios compuestos posteriores podían llegar a ampliar entre 20 y 30 veces.
No sabemos qué objeto concreto observó Janssen con él, porque no se conserva un registro fiable de sus experimentos. Lo importante fue comprobar que los objetos situados delante del tubo parecían mucho más grandes.
Aunque Janssen ayudara a crear uno de los primeros modelos, el microscopio todavía necesitaba evolucionar mucho. Los primeros instrumentos compuestos ampliaban la imagen, pero también la deformaban y ofrecían una visión poco nítida.
Rigor histórico
La creencia popular dice que Zacharias Janssen y su padre construyeron uno de los primeros microscopios compuestos alrededor de 1590 o 1595. Esta versión se apoya sobre todo en testimonios recogidos varias décadas después.

Otro problema que alimenta la duda entre los más escépticos es que no se conserva ningún microscopio original fabricado de forma indiscutible por Zacharias Janssen. Existe un modelo conservado en un museo de Middelburg que lleva el nombre de Janssen y se ha fechado aproximadamente en 1595. Sin embargo, los historiadores discuten si realmente fue construido por él, por su padre o incluso por otra persona años después.
Esta falta de pruebas materiales explica por qué la historia del microscopio tiene tantas versiones. En el siglo XVI no existían los registros científicos, las patentes internacionales ni la documentación detallada que hoy esperaríamos de un invento tan importante.
Los microscopios más avanzados de hoy en día
Lejos de los primeros microscopios hechos de madera o cartón y ver una ampliación borrosa, los equipos más potentes de hoy utilizan un haz de electrones, cuya longitud de onda es mucho menor y permite distinguir detalles extremadamente pequeños. Los modelos más avanzados pueden alcanzar ampliaciones de entre uno y dos millones.
Esto permite estudiar la forma de proteínas, virus, moléculas y materiales a una escala casi atómica. Son máquinas enormes que necesitan una sala aislada de vibraciones, sistemas de vacío, refrigeración y personal especializado.
Su precio puede rondar varios cientos de miles de euros, y los modelos de criomicroscopía de máxima resolución suelen situarse entre cuatro y seis millones de euros, sin contar la preparación de las instalaciones ni el mantenimiento.
Los microscopios ópticos de superresolución son otra de las grandes herramientas de la ciencia actual. Utilizan láseres, tintes fluorescentes, cámaras muy sensibles y software para superar el límite de resolución de los microscopios de luz tradicionales.
En MASMOVIL esperamos que te haya resultado interesante conocer la historia de Zacharias Janssen, el creador del primer microscopio, un invento que cambiaría el mundo de investigación científica para siempre.