El proxy hace referencia a todo ordenador que ejerce de agente intermedio entre otros dos equipos. La información que viaja a través de ambos ordenadores, generalmente extraída de Internet, circula entre ambos soportes. De esta forma, la información alcanza en primer lugar a uno de los ordenadores y, posteriormente, este lo envía al siguiente. Si bien actúa como nexo, el proxy puede también yacer oculto a fin de fomentar prácticas ilegales, especialmente si es un proxy web en redes sociales.

Para montar el proxy, en primer lugar se requiere de una IP dinámica, un dominio, un servidor y su configuración, una página web, banners de publicidad y una autopromoción del conjunto. Una vez englobados todos estos aspectos, el proxy permite no solo una mayor seguridad, sino que también acelera la velocidad de conexión y, por supuesto, facilita el anonimato.

A su vez, existe diferentes tipos de proxy:

  • Proxy web: Este tipo de proxy está formulado para una aplicación específica como es el acceso a una web siguiendo los protocolos HTTP y HTTPS, además del FTP.
  • Proxy inverso: También conocido como Reverse Proxy, este proxy se ubica en la estructura de una o más servidores web.
  • Proxy NAT: Este proxy también hace de intermediario en una red y, tal y como indica su nombre (Network Address Translation) se encarga de enmascarar diferentes IPS, las cuales reescribe.
  • Proxy transparente: Especialmente utilizado por colegios y empresas, el proxy transparente se encarga de reforzar la seguridad de un equipo, combinando un proxy normal con un cortafuegos que detecte diferentes amenazas.
  • Proxy abierto: Como su nombre indica, este proxy acepta peticiones procedentes de cualquier ordenador que solicita conectarse al mismo.