Como toda creación humana que cuenta con la inspiración artística como excusa, la moda puede llegar a ser una cosa muy loca. Y no hablamos de gente capaz de ponerse cualquier cosa como Lady Gaga, a la que hemos visto "vistiendo" bistecs, burkas o bolsas de basura. Hablamos del origen del problema, de los creadores de moda que un día, viéndose delante de un papel en blanco, pensaron que era una buena idea convertir el propio papel en un vestido. Y ya puestos, por qué no hacer un bañador con la mismísima mesa. Meses después, estas "buenas ideas" se convierten en la pesadilla de las modelos que deben exhibirlas en las pasarelas y hacen que algunos nos preguntemos si era necesario llegar tan lejos en los alardes creativos de una industria que ya nos hizo bastante daño haciéndonos vestir pantalones pesqueros, hombreras más grandes que nuestras almohadas o sombreros tan grandes que aparecen en Google Earth. Repasemos algunas de las más raras creaciones del mundo de la moda y comprobaremos que a veces estar a la última puede ser muy duro.

Empezamos con Walter Van Beirendonck. Un apellido estupendo para una marca de cerveza holandesa pero que en el mundo de la moda tiene un significado mucho más tenebroso. Contemplemos en silencio lo que presentó en la semana de la moda de Londres hace un par de años. ¿Es un cheto gigante? ¿Dos pompones naranjas luchando entre sí? ¿El modelo se puso encima una alfombra de baño? Nunca lo sabremos. Pero tenemos miedo.

Pasamos de algo alienígena a algo tan, tan normal y cotidiano que, la verdad, tampoco nos convence. La inefable Agatha Ruiz de la Prada se caracteriza por convertir en "ponibles" cosas que para la mayoría de la gente son de todo menos ropa. Pero ¿un mantel con un huevo frito? Si esto es alta costura, la alta cocina debe ser un buen pantalón a la plancha?

Por su parte, Fyodor Golan debe pensar que su color favorito (obviamente el verde) sienta bien de cualquier manera. Incluso como color de piel. Qué no daríamos por ver al bueno de Golan teniendo que acudir a una entrevista de trabajo vistiendo una de sus propias creaciones. Tal vez así se daría cuenta de que su idea de la moda no es, digamos, para todos los días. Ni para todos los seres vivos. ¿Tal vez las algas?

Pero no perdamos el sentido del humor. Bas Kosters nos recuerda que una sonrisa es lo más hermoso que podemos regalar, y si le regalamos a alguien uno de sus diseños estaremos regalando no ya una sonrisa sino múltiples carcajadas. Amargas e histéricas, sí, pero carcajadas al fin y al cabo. Su creación, que parece un auténtico collage de retales, tiene sentido si solo nos fijamos en las partes que la componen por separado. Pero el conjunto? ¿a ti qué te parece?