Más conocida en inglés como Virtual Private Network, el acrónimo VPN hace referencia, como su nombre indica, a una red privada virtual que facilita una conexión en diferentes redes públicas, tal y como puede ser la conexión wifi de una consulta de dentista u hotel) además de otras redes privadas como la que podemos tener en casa, la cual nos provee del ansiado acceso a Internet.

Pero otro aspecto a remarcar de la tecnología de red propiciada por una VPN es, precisamente, su capacidad para cifrar tu conexión y ocultarla al resto del mundo. Esto supone una protección total tanto de los diferentes peligros que puedan existir en la red (pishing, ciberataques) o de otras personas interesadas en el contenido que consumes.

Además, la VPN no solo supone una red privada virtual que te suministra protección, sino que también te permite “superar” la censura y, de esta forma, acceder desde cualquier lugar del mundo a contenidos en Internet bloqueados por un determinado país. A su vez, uno de los aspectos más prácticos de una VPN supone la facilidad para conectarse en remoto a otras redes o aquellos englobadas por una mismo organización.

La VPN asegura el anonimato, si bien aquellas “no públicas” o que no cuentan con tunneling (técnica que engloba un protocolo de red sobre otro en un gran sistema) siempre estarán expuestas a numerosas amenazas.

Por último, crear una VPN es realmente fácil, por lo que en muchas ocasiones puedes ser tú mismo quien la configure sin necesidad de contar con grandes conocimientos de informática.