Hasta hace apenas un par de décadas, la palabra streaming apenas cabía en nuestro vocabulario diario. Sin embargo, las nuevas tecnologías se han encargado de potenciar este concepto hasta convertirlo en la base del entretenimiento y ocio de nuestro día a día. Traducción de “retransmisión en directo”, el streaming permite la distribución digital de cualquier contenido multimedia a través de una red de ordenadores, facilitando al usuario el acceso y descarga de cualquier tipo de producto.

Plataformas de streaming como Netflix o HBO se han convertido en principales embajadoras de una nube que permite el acceso a diferentes programas, series de televisión, documentales o películas infantiles, entre otros muchos ejemplos.

Sin embargo, seguro que muchos de vosotros se pregunta: ¿Y cómo se construyen estos imperios del ocio? A través de un búfer de datos que almacena el flujo de descarga de la interfaz del usuario para, a los pocos segundos, mostrarle el contenido elegido. A diferencia de la descarga de archivos, la cual contempla la descarga total para poder visualizar el contenido, el streaming permite disfrutar en tiempo real tanto de una playlist de Spotify como una serie en Prime Video.