Vivimos una era en la que lo digital está sustituyendo a lo físico. Es algo muy palpable en nuestros recuerdos en forma de fotos, que antes se almacenaban en pesados albumes y ahora se suben a la nube. Y es ahí donde muchas veces surge el miedo. Al no poder “palpar” nuestras fotos, la sensación de pérdida suele ser mayor. ¿Dónde es mejor almacenarlas para no perderlas nunca?

El problema es que muchas personas confían sus recuerdos a un único dispositivo o servicio sin pensar en el largo plazo. La respuesta sobre dónde guardar las fotos para siempre no es tan simple. Vamos a ver tres de las opciones más populares: la nube, los servidores NAS y los discos duros externos. Cada una tiene ventajas, riesgos y usos recomendados.

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Imagen: kwanchaift (Adobe Stock)

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Nube: comodidad y acceso desde cualquier lugar

Si algo nos ha traído la nube es una comodidad y accesibilidad increíble. Antes, las fotos estaban en nuestro ordenador o en un CD, lo que equivale a almacenamiento local. Hoy plataformas como Google Photos, iCloud o Dropbox permiten subir automáticamente las imágenes desde el móvil y acceder a ellas desde cualquier dispositivo conectado a internet.

La nube ofrece una capa adicional de seguridad frente a pérdidas físicas. Si se rompe el teléfono o el ordenador, las fotos seguirán almacenadas en los servidores del proveedor. Pero también tiene inconvenientes, como la dependencia de una suscripción, posibles cambios en las políticas de almacenamiento o incluso el cierre de servicios son factores a tener en cuenta. También existe la cuestión de la privacidad, ya que las imágenes se almacenan en infraestructuras gestionadas por terceros.

NAS: tu propia nube

Un NAS (Network Attached Storage) es básicamente un pequeño servidor doméstico que permite almacenar archivos y acceder a ellos desde cualquier dispositivo de la red, e incluso desde internet. La gran diferencia respecto a la nube es que el control total del almacenamiento lo tiene el usuario.

Los NAS permiten instalar varios discos duros y configurarlos en sistemas de redundancia. Esto significa que si uno de los discos falla, los datos siguen protegidos en otro. Para quienes gestionan grandes bibliotecas fotográficas o quieren tener independencia de servicios externos, es una solución muy potente.

Entre sus desventajas está la necesidad de una inversión inicial algo más alta y un cierto conocimiento técnico para configurarlo correctamente. Además el dispositivo debe estar protegido frente a fallos eléctricos, robos o daños físicos.

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Imagen: alexlmx (Adobe Stock)

Discos duros externos

Antes de la nube, el almacenamiento masivo de fotos estaba reservado a un disco duro externo. De hecho sigue siendo una opción igual de válida y preferida por muchas personas. Su principal ventaja es la simplicidad, ya que basta con conectar el disco al ordenador y copiar las fotos. Además, ofrecen gran capacidad a un precio relativamente bajo. Un solo disco puede almacenar decenas o incluso cientos de miles de fotografías.

El problema es que no ofrecen redundancia por sí mismos. Si ese disco se rompe o se pierde, también lo hacen las fotos. Por eso, si se opta por esta vía, lo ideal es tener al menos dos copias en discos diferentes.

La mejor estrategia: combinar sistemas

Si no quieres perder tus fotos y ganar en tranquilidad, lo mejor puede ser combinar algunas de estas opciones. Puede que la nube sirva perfectamente para las fotos del día a día (muchas de ellas seguramente prescindibles), pero un NAS o disco duro externo, bajo nuestro estricto control y alejado de una conexión a Internet, sigue siendo la opción más segura y privada. Asimismo, recuerda la regla 3-2-1.

En MASMOVIL esperamos haberte ayudado a entender las diferencias y ventajas entre las diferentes opciones para almacenar tus fotos más preciadas. La clave está en combinar estos métodos para contar con que no tus documentos no se perderán en caso de que alguno de ellos falle.

Y tú, ¿qué método usas para guardar tus fotos?