Las actualizaciones de un smartphone son fundamentales. A veces implican updates de funciones que no vamos a usar, pero en otras son actualizaciones de seguridad o de sistema operativo. En cualquier caso, hay veces en las que actualizamos el móvil pensando que todo irá mejor y, de repente, algo empieza a fallar.
Puede que te haya sucedido que tras una actualización la batería dura menos, algunas apps tardan más en abrirse, el teléfono se calienta más de la cuenta o simplemente notas que ya no va como antes... y muchas veces no sabes si es una sensación o si algo ha cambiado.
También te puede interesar: Qué es el bloatware y cómo afecta al rendimiento de tu smartphone
¿Por qué empeora el móvil tras una actualización?
No suele suceder a menudo, pero en general puede ocurrirle a cualquier marca y modelo de móvil. Hay que tener en cuenta que hay muchísimos factores que entran en juego cuando un móvil se actualiza.
Tiempo requerido
Una de las causas más habituales es que el sistema, después de actualizar, necesita tiempo para reorganizarse. Es decir, se inicia un proceso en segundo plano que no se ve: reindexación de archivos, optimización de apps, sincronización de fotos, actualización de servicios y reajustes internos que consumen batería y recursos durante un tiempo.
Impacto en el hardware
Cada nueva versión del sistema suele estar pensada para hardware más reciente. Aunque el fabricante mantenga la compatibilidad con móviles de hace dos o tres años, eso no significa que la experiencia vaya a ser igual de fluida. A veces el dispositivo puede mover esa versión, pero ya no con la misma soltura.
Rendimiento de las apps
Las aplicaciones también juegan un papel importante en este sentido. Cuando llega una gran actualización, no todas las apps se adaptan igual de bien ni al mismo ritmo. Algunas quedan mal optimizadas durante días o semanas, otras consumen más batería de lo normal y otras generan pequeños errores que terminan afectando a la sensación general de rendimiento.
Más funciones, menor rendimiento
Cada actualización importante suele añadir nuevas animaciones, procesos inteligentes, servicios en segundo plano, funciones de IA, widgets más complejos o herramientas que antes no estaban ahí. Sobre el papel suena bien, pero todo eso consume memoria, procesador y batería.
En móviles de gama alta y relativamente nuevos ese impacto puede ser pequeño. En modelos más ajustados o con un par de años encima, la historia cambia bastante. De repente, lo que antes iba fluido se percibe más pesado. No porque el fabricante quiera estropear la experiencia de forma deliberada, sino porque el software moderno cada vez exige más.
La batería también puede resentirse
Un móvil con una batería degradada puede comportarse peor tras una actualización simplemente porque el sistema empieza a demandar más energía o a gestionar el rendimiento de forma más conservadora.
Por eso muchos usuarios asocian la actualización con el empeoramiento, cuando en realidad lo que ha ocurrido es una suma de factores. Nuevo sistema, más procesos, apps todavía sin afinar y una batería que ya no está en su mejor momento. Todo junto da esa sensación tan clara de retroceso.
¿Qué hacer si el móvil no funciona como antes?
Además de fallos puntuales de software que el fabricante no tarda en solucionar con su correspondiente parche, los terminales con más tiempo son los que suelen acusar más estos problemas.
Eso no significa que actualizar sea una mala idea. De hecho, en seguridad y compatibilidad suele seguir siendo lo recomendable. Pero conviene entender que una actualización no siempre mejora todos los apartados al mismo tiempo y que no todos los teléfonos envejecen igual ante ese cambio.
En MASMOVIL esperamos que este post te haya resultado útil. Como verás, es normal en cierta medida que un móvil pueda ir algo peor tras una actualización. En muchos motivos puede arreglarse con un parche o la siguiente actualización, pero en otros es signo de que un terminal va justo de hardware.