Los anuncios más descarados de las películas de Hollywood

“¡Mmmm! ¡Qué ricos están estos cereales!”, o «¿quieres que te pase este cuchillo todo en uno tan fantástico?», le dice su esposa a Truman Burbank (Jim Carrey) en El Show de Truman (1998), mientras sonríe a la cámara. En esta película, el descaro con el que publicitan los productos es tal que el guion superaría la barrera del surrealismo… de no ser por que la mayoría de los productos no existen. El guion es en realidad muy inteligente y convierte esta práctica en una parodia y toda una crítica a la sociedad moderna. Fue, de hecho, nominado al Oscar.

La publicidad por emplazamiento (product placement, como la llaman los entendidos) cumplirá dentro de poco su setenta cumpleaños. Se cree que la primera vez que una película introdujo un producto con una intención comercial fue en 1945, en Alma en suplicio. La actriz protagonista, Joan Crawford, pidió expresamente un Jack Daniel’s Bourbon Whisky.

Desde entonces, pocas veces es casualidad que los personajes de una película o una serie de televisión coman determinada marca de cereales –tampoco la posición en que después de servirse colocan la caja sobre la mesa-, usen determinado coche o lleguen incluso a mencionar la marca dentro de un diálogo.

Y cuando sí es casualidad, es que el anunciante no creía en que la película fuera a tener éxito. Es lo que le pasó a Grease con Coca-Cola, que inicialmente obligó a los productores a borrar su marca de cuadros del decorado y refrescos que bebía Sandy (Olivia Newton John), y ya en la reedición en DVD decidieron dar marcha atrás e incluir digitalmente la marca que antes había sido borrada.

De subliminal tienen más bien poco estas acciones. Más bien, este tipo de publicidad tiende a resultar descarada. Hay muchos ejemplos. La medalla de oro se la lleva sin duda la comedia Evolution (2001), donde la Tierra sufre una plaga extraterrestre que amenaza la supervivencia del mundo entero y que sólo puede combatirse con champú anticaspa H&S.

Por no hablar de la saga de James Bond y los contratos millonarios con Aston Martin o Sony (que además de cochazos, también publicitan no pocos aparatitos electrónicos). El caso más extremo del agente 007 es quizás el de Muere otro día (2002). Desde luego, si le va mal la carrera de actor, perfectamente podría trabajar como comercial.

Puede que algunos vierais hace poco en televisión la película Náufrago (2000). Un buen ejercicio sería contar las ocasiones en las que aparece la empresa de mensajería FedEx.

Por poner un ejemplo de película más reciente, la película francesa Intocable (un peliculón, todo sea dicho) da tal visibilidad a la marca de coches Maserati que el deportivo Quattroporte Sport GTS se considera prácticamente un co-protagonista del filme.

Es evidente que el cine no atraviesa su mejor momento, entre la piratería y los nuevos hábitos de consumo digital en general (¿qué familia puede pagar una entrada de 9 euros por persona una vez por semana?). De momento, ha encontrado en la publicidad por emplazamiento un modo de compensar sus menores ingresos. A mí, al menos por ahora, no me molesta. A todo esto, creo que me empieza a apetecer una Coca-Cola…

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