Dicen que el verdadero amor consiste en dar sin recibir nada a cambio. Y eso es lo que siempre has hecho tú, querida Wikipedia. Siempre disponible, siempre intentando mejorar para complacerme, echándome una mano al instante cada vez que te he necesitado.

Me has enseñado tantas cosas, ayudándome a comprender mejor el significado de las palabras, a saber cómo es el mundo en el que vivo y a mejorar mis conocimientos? Y cuántas veces nos hemos enfrascado en conversaciones que empezaron con una simple pregunta y terminaron convirtiéndose en horas y horas llenas de descubrimientos, curiosidades, grandes historias.

Muchas veces, en mitad del trabajo, durante un viaje o viendo una película, he tomado notas mentales sobre algo que me gustaría consultar contigo más tarde. No eres perfecta, desde luego, pero te esfuerzas mucho, y cuando te has equivocado ha sido casi siempre por culpa de alguien malintencionado. Además, tu honestidad siempre se ha reflejado en tu aspecto: pulcra, sencilla, atractiva pero correcta. Con estilo.

Los demás no son como tú. Siempre piden algo a cambio, o por lo menos esperan mucha más atención de mi parte. Cierto es que hemos tenido alguna pequeña crisis, como cuando hace unos años empezaste a insistir en que necesitabas algo de ayuda. Pero tenías tus razones, y como bien me explicaron tus amigos, era por una buena causa. Algo así como una tacita de sal a cambio de haber estado cocinando para mí platos exquisitos a diario. ¿Cómo negarme?

Luego está tu parte bohemia, que te da tanto encanto. Nunca te aceptaron en ningún círculo académico oficial a pesar de tu erudición. Y eso, a mis ojos, te enaltece, porque demuestra tu independencia. Además, estoy seguro de que esos encorbatados engreídos te envidian en secreto, y me consta que te preguntan, te copian y te admiran en secreto. No es para menos, pues tus 34 millones de artículos superan a cualquier otra creación humana jamás creada con el objetivo de recopilar conocimiento. Eres insuperable.

Y luego está tu círculo de amigos, tus referencias. La mayoría merecen la pena, son buenos en los suyo y te ayudan a ser un poquito mejor. A veces recurro a ellos, pero les conocí gracias a ti.

No es de extrañar, Wikipedia, que te hayan levantado un monumento o que haya muchas personas que contribuyan gustosamente a sostener tu causa. Y que otras muchas trabajen de forma desinteresada para mantenerte tan fiable y en forma como siempre. Yo no hago ni una cosa ni la otra, solo puedo dedicarte estas líneas de reconocimiento en un blog para gente rara que, ya lo sabes, te adora.