¿Sobrevivirá Uber al cerco judicial?

“Puede que cierre, o que lo obliguen a cerrar, pero igualmente marcará un antes y un después. En su día, también desapareció Napster, y eso no frenó la revolución en la industria musical”. Es la opinión del analista independiente Jaime García-Cantero. ¿Ilegal? Sí, por ahora. ¿Revolucionario? También. ¿Positivo para la sociedad en su conjunto? Es aquí donde hay más dudas.

Uber es una start-up fundada en San Francisco en 2009. Es ya la puntocom no cotizada más valorada del mundo: nada menos que 41.000 millones de dólares (unos 15 billones –con B- de las antiguas pesetas). Su servicio principal, UberPop (en adelante, Uber a secas), permite que cualquier persona que tenga un coche lleve a otras, a cambio de dinero. Vamos, que hagan como taxistas, pero sin licencia de ningún tipo.

El reparto de ingresos es el siguiente: 80% para el conductor, 20% para Uber. El coche, el seguro y todos los demás gastos corren a cuenta del conductor; la plataforma sólo hace de intermediario.

Como era de esperar, los taxistas han puesto el grito en el cielo. El debate está servido: ¿cuál es el verdadero problema, que Uber posibilite a la gente que haga lo que le venga en gana –y gane dinero por ello- o que, en pleno siglo XXI, los ayuntamientos exijan aún el pago de licencias millonarias?

En cualquier caso, un asunto a resolver, y no solo con Uber sino con todas las plataformas de consumo colaborativo, es cómo fiscalizar estas actividades. Los usuarios de Uber, Airbnb y otras muchas plataformas reciben microingresos (no tan micros, en algunos casos) por los que no pagan ni IVA ni declaran en su IRPF. Es de esperar que en 2015 se prepare una regulación en este sentido.

Las empresas de consumo colaborativo, en su mayoría, están a favor de que se regulen sus actividades, siempre y cuando la ley no se limite a prohibir. Legalizar, en definitiva, supone sentar las reglas del juego.

Las puntocoms de consumo colaborativo no han inventado nada nuevo. Toda la vida la gente se ha ofrecido a acercar en coche a un amigo o a un familiar a algún lugar, o a prestarle su casa cuando se va de vacaciones. A veces con dinero de por medio, otras veces gratis. Con Internet, esto se multiplica a la enésima potencia, multiplicando a su vez el volumen de esta economía sumergida.

 

¿Qué dice la ley?

En España, la ley que ya existe es bastante clara: si te lucras sin pagar impuestos ni las licencias y permisos correspondientes, están cometiendo un delito. BlaBlaCar intenta desmarcarse de la polémica asegurando que sus usuarios no ganan dinero, sino que “comparten gastos”. Mientras que Uber se emplea fundamentalmente en trayectos urbanos, BlaBlaCar está pensado para viajes más largos. La tarifa la impone el usuario-conductor, a partir de una recomendación aportada por la compañía en base al coste medio de peajes y gasolina por kilómetro. La patronal de autobuses Fenebús amenazó con denunciar a BlaBlaCar por “competencia desleal”… pero entonces llegó Uber, y la demanda nunca llegó a formalizarse.

En el mundo de los alquileres vacacionales, pasa algo similar. Quien alquila su piso en Airbnb no tributa por ello, y eso que los precios no difieren mucho de los de mercado. De hecho, buena parte de los apartamentos disponibles en Airbnb los alquilan empresas, no particulares. “Si no puedes con el enemigo, únete a él”, habrán pensado muchas inmobiliarias.

 

¿Qué va a pasar con Uber?

No se lo están poniendo fácil, sobre todo en Europa. En España, un tribunal de Madrid acaba de prohibir su uso, y en Francia está prevista su ilegalización a partir del 1 de enero.

Uber sabe lo que le viene encima y por eso se está diversificando. En EE.UU., por ejemplo, Uber está tanteando un servicio de paquetería a domicilio.

En España, Uber ofrece únicamente el servicio básico de transporte entre particulares (UberPop). Pero muy pronto podrían desembarcar también alguna de las siguientes opciones:

  • UberPool: Para que varios particularidades que van hacia una misma zona compartan ruta, y paguen a medias.
  • Uber Essentials: Para repartos rápidos a domicilio (disponible sólo en EE.UU.).
  • UberFresh: Para envíos de comida a domicilio.
  • UberBoat: En verano, Uber tanteó en Boston la posibilidad de ofrecer taxis acuáticos (en barco).

 

Y a ti, ¿qué opinión te merece este fenómeno? ¿Has probado ya Uber? Cuéntanos tu experiencia.

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