En la China continental, a escasos 30 kilómetros de Hong Kong -cuna oriental de los negocios-, se encuentra la ciudad de Shenzhen. Apple, Nintendo, Motorola, Sony... Todos los gigantes del sector tecnológico tienen allí fábricas o subcontratan parte de su producción a compañías como Foxconn.

Shenzhen es una ciudad costera poblada principalmente por inmigrantes procedentes de provincias campesinas. La vida allí no es fácil, aunque es menos dura que la del campo en el interior de China.

La disciplina es máxima. Dentro de algunas fábricas, por ejemplo, existen letreros electrónicos en los que se puede ver un número: el de unidades que restan por fabricar ese día. La cifra va bajando, aunque de vez en cuando se detectan unidades defectuosas y vuelve a subir ligeramente. Hasta que no llegue a cero, la jornada no termina.

Aparentemente, las condiciones laborales en Shenzhen han mejorado mucho en los últimos años, desde que la Fair Labor Association (FLA) realiza inspecciones periódicas. Y es que en 2010 catorce de los 800.000 empleados de Foxconn se suicidaron, todos ellos menores de 23 años. El año anterior, otros 17 empleados de la compañía se habían suicidado. La polémica internacional fue tal que forzó a las empresas a aliviar parte de la presión sobre sus trabajadores. Ahora, Foxconn paga unos 230 euros brutos al mes a sus empleados, que puede no parecer mucho pero es el doble que a principios de 2010.

Foxconn tiene en Shenzhen una macro-fábrica con más de 800.000 trabajadores. Es un complejo amurallado de tres kilómetros cuadrados al que apodaban "la ciudad prohibida", en "honor" a sus durísimas y extenuantes condiciones laborales. Alli se fabrican equipos como el iPad, el iPhone, muchos de los portátiles de HP o la Wii de Nintendo, por ejemplo.

Jornadas de 16 horas, un centenar de horas extra al mes, un silencio absoluto impuesto durante los turnos de trabajo, la prohibición de hablar por teléfono o el entrenamiento militar de los nuevos empleados... Todo eso son ya cosa del pasado, según la FLA. Ahora, está prohibido hacer más de 20 horas extra semanales.

La mejora de las condiciones ha tenido también una cara B: Foxconn no quiere reducir tanto sus márgenes de ganancias, para lo que ha decidido sustituir por robots a una parte de su fuerza laboral. Y de los trabajadores que siguen contratados, una parte estaría dispuesta a trabajar más horas extra para generar más dinero y enviárselo a sus familias.El grado de necesidad de algunos es tal que viven en la más absoluta precariedad para ahorrar el máximo dinero posible.

En realidad, Foxconn tiene un doble problema: además de la permanente atención de la prensa, se encuentra con que cada vez menos jóvenes quieren ir a trabajar a una cadena de montaje, pues prefieren encontrar un empleo en el sector servicios, donde los salarios son mejores.

El caso de Foxconn es el más sonado, aunque no es el más grave. La tasa de suicidios en China es bastante superior: 14 casos por cada 100.000 personas.  Es la faceta más amarga de la globalización.