¿Te gustaría tener 800.000 seguidores en Twitter, dos millones y medio en Instagram, cientos de miles de "Me gusta" en cualquier cosa que publiques en Facebook y ser una celebridad gracias a Internet de manera rápida y absolutamente sin esfuerzo? Piensa bien tu respuesta. Podría ser la peor pesadilla de tu vida.

Eso es ni más ni menos lo que le ocurrió a Alex Lee, más conocido en Internet como "Alex de Target" o #AlexFromTarget. Y curiosamente todo empezó con "YOOOOOO". Eso fue lo que exclamó una jovencita británica que se quedó prendada de aquel monísimo dependiente de la cadena de supermercados estadounidense Target. Se trataba del cándido Alex, un chaval adolescente de lo más normal, buen chico, educado y un poco simplón. El domingo de hace un par de semanas empezó como cualquier otro domingo para Alex: fue a la iglesia de Frisco, el pueblo texano donde vive, y después de comer empezó su trabajo como ayudante de caja a media jornada en un supermercado. Por la noche era increíblemente famoso y sus jefes tuvieron que destinarle al almacén de la tienda porque la multitud que se agolpaba para verle era una amenaza para la seguridad.

Lo que pasó durante aquel día fue tan simple como absurdo y puede que maravilloso: una foto de Alex fue posteada en Twitter con el mencionado "YOOOOO" por @auscalum, una joven usuaria de Twitter que sin saberlo creó una estrella. La imagen en cuestión desencadenó una oleada de "likes", "memes", "retweets", favoritos y en general todas las muestras de aprecio, simpatía y también envidia que se pueden encontrar en Internet. Curiosamente, durante su jornada laboral Alex tenía apagado su teléfono móvil, con lo cual no se enteró de que su otro yo, el AlexFromTarget, estaba convirtiéndose en un monstruo. Durante los siguientes días él y su familia han tenido que capear situaciones muy difíciles, desde extraños que acampan a la puerta de su casa hasta amenazas de muerte y secuestro.

Unos días después de su inesperado salto a la fama, Alex Lee fue invitado a aparecer en los principales programas de televisión de su país. En el Show de Ellen de Generes, el dulce Alex reveló algunas notas de su personalidad, aseguró que lo que mejor se le da es meter la compra de los clientes en bolsas y que conoció a su novia comentando que le encantaba el pollo frito "y como a ella también le gustaba, al día siguiente fuimos a comer pollo frito". Para aquel entonces este chaval tenía cuatro veces más seguidores en Twitter que habitantes tiene su pueblo y su nombre había sido buscado en Google más veces que el del mismísimo Justin Bieber. Precisamente uno de los asesores de imagen de Bieber está ayudando a Alex a digerir y a "aprovechar esta maravillosa oportunidad".

Pero esta oportunidad también tiene sus inconvenientes: no salir de casa durante días por miedo a ser asaltado por una multitud, multitud de insultos y mentiras sobre él en Internet, una exposición pública cuanto menos incómoda para un adolescente e incluso aprovechados que intentar seguir la estela de su fama y apropiarse de ella, como la empresa de medios sociales Breakr, que reclama para sí el mérito (?) de todo este lío y que según parece no es más que una banda de oportunistas. La madre de Alex, por su parte, está intentando sacar algo positivo de la situación y ha puesto en marcha una ONG para ayudar a huérfanos de Sudamérica, mientras que su padre está demasiado ocupado tratando de protegerle y contactando con la policía local cada vez que ve a alguien sospechoso cerca de casa.

Ayudemos todos un poco a Alex y olvidemos pronto su nombre y sus fotos pero no la lección que nos muestra esta historia. ¿Fama en Internet? No, gracias. Así, no.