Es la tendencia tecnológica del momento. En el año 2040, hay quien incluso se atreve a vaticinar que todos tendremos una en casa, igual que hoy todos usamos portátiles y, cada vez más, smartphones y tabletas. Se venden ya impresoras 3D caseras por menos de 1.000 euros.

- No son propiamente impresoras. Las tecnologías que usan son diferentes y tampoco trabajan sobre papel, sino habitualmente con plástico. Si habéis tenido la ocasión de ver un vídeo demostrativo, escuchado a un experto sobre la materia, o la suerte de verlo en vivo, habréis visto cómo funcionan. Las máquinas domésticas tienen un tamaño similar a una impresora de DIN-A4, aunque son más altas: tienen que dejar espacio para el objeto que será fabricado. Depende de la complejidad y del tamaño del objeto, se puede tardar entre unos minutos y diez horas en "imprimirlo".

- Necesitas un software de simulación. Piensa en cómo funcionan las impresoras convencionales: desde un PC, envías un documento a la impresora ?en realidad, ya existen tecnologías para imprimir directamente desde el smartphone-. Aquí sucede lo mismo: es necesario contar con un PC donde haya un programa de simulación 3D, como AutoCAD, 3DStudio o Blender (de código abierto). En ese software, se diseña un prototipo y éste se envía entonces a la impresora 3D, que por lo general integran una toma de conexión USB. La impresora empieza entonces a fabricar un molde/prototipo/figura aplicado capas muy muy finas de plástico.

- Lo más caro son los "cartuchos" de plástico. En España se venden ya máquinas domésticas, muy sencillas, por menos de 1.000 euros. Las profesionales suben hasta los 9.000 o 10.000 euros. El consumible suele ser un hilo fino de plástico (puede ser de distintos colores y robusteces), que se vende enrollado. El que comercializa Stratasys, la empresa líder del sector, cuesta 250 euros por 1.000 centímetros cúbicos. Por eso, según Deloitte, sigue siendo unas 30 veces más caro "imprimir" un pequeño objeto de plástico que comprarlo.

- No sólo pueden fabricar objetos de plástico. La mayoría trabajan con plástico, pero ya hay varios ejemplos de impresoras ?o algo parecido- capaces de fabricar productos de tela o resina. Hay incluso unos científicos que dicen haber podido replicar un tejido similar al humano. En el mundo industrial, las grandes impresoras 3D (aquí se suele hablar de producción aditiva o por capas) pueden usar también cerámicas y algunos metales, como acero inoxidable, aluminio o titanio.

- Sí, se pueden fabricar armas con una impresora 3D. Se puede fabricar casi cualquier cosa imaginable con una impresora 3D. Un estudiante americano hizo hace poco una pistola de plástico, capaz de disparar varias veces. También se han hecho ya rifles, y hace pocos días una empresa de Austin fabricó la primera pistola de metal. Sin duda, ésta es la cara B de este gran avance tecnológico.

- A largo plazo, serán clave para reindustrializar Occidente. En realidad, en el mundo industrial la producción aditiva se lleva haciendo muchos años. Los últimos avances y la reciente expiración de algunas patentes determinantes, no obstante, hacen más eficiente el proceso. Las impresoras 3D permiten hacer en horas lo que antes se tardaba días. Las pymes pronto se podrán permitir fabricar sus propios moldes y prototipos, de una forma mucho más rápida y económica. También se podrán fabricar prótesis médicas y dentales, o por ejemplo esa pieza de tu coche que tu taller precisamente no tiene cuando la necesitas. Más a largo plazo, ya hay quien dice que esta tecnología hará tan eficiente la industria en Occidente que las empresas ya no necesitarán tener sus fábricas en Asia.