Un mes, una treintena de equipos y cinco continentes se dan cita cada cuatro años ante millones de espectadores alrededor de todo el mundo. Es el evento deportivo más visto a nivel internacional y ha dejado en nuestras retinas momentos inolvidables y goles que han hecho historia.

El primer Mundial se celebró en Uruguay en 1930. La FIFA eligió este país porque fue el que había ganado las últimas Olimpiadas en la categoría de fútbol. Es más, aunque la selección celeste sólo se ha llevado la Copa a casa en dos ocasiones, en sus camisetas aparecen cuatro estrellas bajo su escudo porque cuentan esas dos Olimpiadas como mundiales ganados.

Este año, además, Uruguay nos ha dejado una de las mejores anécdotas del Mundial de Brasil. La protagoniza Luis Suárez, alias "mordisquitos". Y el mote no está puesto al azar. Este futbolista tiene una boca muy grande, que no usa precisamente para meterse con sus contrincantes sino para darles un buen mordisco. En este campeonato, Suárez le pegó un tiento a Chiellini y la FIFA se vio obligada a sancionarle con cuatro meses sin jugar ni pisar ninguna instalación deportiva. Y es que "nadie le contrató para filósofo", como declaró el presidente uruguayo, José Múgica, al ser preguntado por el incidente.

El Mundial de Brasil 2014 también ha supuesto el debut de Bosnia, que nunca había jugado una fase final.

Goles tampoco han faltado este año, sobre todo los que La Roja ha encajado en la portería defendida por Iker Casillas. En concreto, siete. Uno menos de los que necesitó la selección española para proclamarse campeona del mundo en Sudáfrica en 2010. La primera y única vez que España ha saboreado las mieles del éxito en este torneo.

No más goles fantasmas

Sin embargo, este año no ha habido ocasión para los goles fantasmas porque se ha implantado la tecnología del ojo de halcón, muy utilizada en el tenis, para evitar situaciones como las vividas en la final de Inglaterra de 1966, cuando Geof Hurst marcó un gol que nunca fue tal. Este jugador, único delantero en marcar tres goles en la final de un Mundial, declaró décadas más tarde que el balón nunca cruzó la línea de la portería alemana. Este tanto llegó en un momento decisivo porque deshizo el empate en la prórroga.

Los españoles también hemos sido víctimas de estos goles fantasmas. El 1 de junio de 1986 España y Brasil abrían su participación en el Mundial de México con un partido que tuvo a Michel como protagonista. El entonces futbolista del Real Madrid remató el esférico tras un saque de esquina (la fotografía que encabeza este post inmortalizó el momento). El balón dio en el larguero y botó dentro de la línea de gol. Sin embargo, el árbitro Chris Bambridge no lo dio por válido y España perdió la oportunidad de debutar con buen pie. Eso sí, el juez australiano sí que admitió el gol que el brasileño Sócrates metió en fuera de juego.

Tampoco tuvimos suerte en 1954 cuando la selección española empató contra Turquía en la fase clasificatoria en Italia. Como por aquel entonces no existía la opción de la prórroga y los penaltis, fue un niño romano, Franco Gemma, quien decidió al azar el equipo que participaría en el Mundial de Suiza tras sacar la papeleta de la selección turca. Con Paul sí que nos sonrió la suerte. Este pulpo predecía los resultados de los partidos en el Mundial de Sudáfrica de 2010 y siempre dio por ganadora a La Roja.

El mito argentino

Una de las selecciones que siempre salen entre las ganadoras en todas las quinielas es la de Argentina que, sin embargo, llevaba 24 años sin llegar a una semifinal hasta este Mundial. Esta selección tiene un buen montón de anécdotas interesantes, desde la mano del "dios" Maradona, hasta el Barrilete Cósmico, considerado por muchos críticos como el mejor gol de la historia.

El gol con la mano de Diego Armando Maradona se produjo ante Inglaterra sólo cuatro años después de la Guerra de las Malvinas. Curioso?

Y sabéis de dónde viene la expresión vuelta olímpica tan utilizada en este torneo y que, por cierto, Holanda se marcó en el partido contra España en este mundial. Eso es, de Argentina. En 1924 los argentinos les pidieron a sus vecinos uruguayos que se dieran una vuelta al estadio al regresar de ganar los juegos olímpicos y la prensa local lo bautizó como la vuelta de los olímpicos. Años más tarde el término ha evolucionado hasta lo que es ahora.