"Su cuenta ha sido desactivada; si tiene cualquier duda consulte nuestra sección de preguntas frecuentes". ¿Alguna vez has intentado conectarte a tu cuenta Facebook y te has encontrado este mensaje? No te preocupes, porque seguramente se trate de una confusión o un error. Eso sí, un error que no ha sido tuyo pero que te puede suponer un pequeño calvario hasta que recuperes el acceso a tu cuenta.

Volviendo a la frase de marras, todo aquél que se tome el trabajo de repasar las "preguntas frecuentes" relativas a cuentas clausuradas por Facebook comprobará que una de las opciones que le quedan al afectado es lidiar directamente con la empresa de Zuckerberg para reclamar de nuevo la titularidad de su perfil. Sí, esa misma empresa que usando todo tipo de incentivos, trucos y premios se ha dedicado a recopilar información personal sobre el pobre sujeto que, de repente, es repudiado por ser sospechoso de vaya usted a saber qué.

Uno de los casos más curiosos es el reciente enfrentamiento entre un grupo de drag-queens y Facebook. Ocurrió en San Francisco y el desenlace final de esta polémica puede ser decisivo para que Facebook decida si finalmente se permite a algunos usuarios que usen su nombre artístico -Sister Roma o Bebe Sweetbriar en este caso- o como hasta ahora se les "obliga" a mostrar su nombre legal. Este colectivo y sus representantes legales están negociando en las mismísimas oficinas de la empresa de Mark Zuckerberg para exigir su derecho a registrarse con su nombres artísticos en Facebook y poder usar esas cuentas sin trabas.

Perder una cuenta personal en la principal red social de internet puede ser una simple faena o todo un problema profesional, dada la importancia que ha alcanzado Facebook hoy día. Muchas personas piensan que estas redes sociales, cuyo único objetivo debería ser el de permitir a la gente establecer o afianzar precisamente eso, sus "relaciones sociales", están llegando a imponer reglas de uso que parecen propias de regímenes políticos ultraconservadores o dictatoriales. El calvario personal de Michael Letwin, un abogado norteamericano de Nueva York que administraba un grupo Facebook de apoyo a Palestina, fue recogido este fin de semana por el New York Times y puesto como ejemplo de decisiones arbitrarias de Facebook que pueden tener un trasfondo político o populista. Del mismo modo, Twitter ha censurado la difusión de vídeos mostrando la decapitación de ciudadanos estadounidenses por parte de terroristas islámicos, pero todos sabemos que esto no es más que una de las muchas barbaridades que Twitter permite publicar y difundir.

Debemos admitir que, al abrir una cuenta en Facebook, aceptamos unos términos de uso que incluyen el uso del nombre real, la no difusión de mensajes que inciten al odio o al enfrentamiento, el racismo, el suicidio o la pornografía. Precisamente este último tema desató una viva polémica hace no mucho, cuando las fotos de mamás dando pecho a sus bebés empezaron a ser retiradas por mostrar "demasiada carne". Como en tantos otros casos, la interpretación de un acto o una imagen puede variar mucho según el contexto o el punto de vista del observador. Pero la mismísima Unión por las Libertades Civiles Americanas sufrió la cancelación de su Facebook por mostrar la imagen de una estatua que mostraba a la Libertad como a una mujer con el pecho descubierto.

Como apunta el profesor Daniel Keats en su libro "Crímenes de odio en el ciberespacio", tal vez el origen del problema esté en el propio éxito de Facebook, que al contar con tantos usuarios debe recurrir a métodos automatizados para controlar -con una precisión cuestionable-, si algo es apropiado o no.