Desde hace muchísimo tiempo oímos que los avances tecnológicos han mejorado y siguen mejorando nuestras vidas, pero seamos sinceros: si eso fuese totalmente cierto, a estas alturas todo sería poco menos que perfecto, ¿no? Seguimos teniendo que levantarnos cada mañana y hay que sacar la basura cada noche? A lo mejor es que la tecnología simplemente transforma la manera en que hacemos las cosas y tal vez dejemos de hacer otras.

Por ejemplo, lo de llamar al telefonillo era algo de lo más corriente hace unos años. Era más rápido y más cómodo que subir al piso del amigo en cuestión y a veces se usaba al más puro estilo "llamada perdida": se le daba un toque que servía de aviso y esperábamos tranquilamente. ¡Qué adelanto!, pensábamos. Porque nos parecía la mar de cómodo? y sí, tecnológico en cierto modo. Ahora ya prácticamente solo los carteros comerciales y los bromistas usan los porteros automáticos que, dicho sea de paso, se han ido transformando en verdaderas centralitas de seguridad con cámaras, códigos y ?al tiempo- reconocedores de voz y huellas dactilares.

Las citas entre amigos tampoco son lo mismo. Antes se convenía un sitio y una hora y cualquier retraso injustificado era una afrenta que había que enjugar pagando la primera ronda. Ahora? nos "whatsappeamos", para preguntarnos dónde estamos, nos enviamos la ubicación, o simplemente dejamos en el aire la posibilidad de acudir a un encuentro porque siempre podemos presentarnos a última hora o unirnos al grupo cuando nos venga bien, porque total, siempre habrá alguien a quien podamos rastrear gracias a la mensajería instantánea o incluso las redes sociales. Y es que hay gente que cambia su estado en Facebook a cada instante y que "instagramea" fotos del bar donde se está tomando el café.

¿Y los viajes? ¿Dónde han quedado esas estanterías rotatorias de las estaciones de servicio con los mapas de carretera, por no mencionar los casi antediluvianos casetes de música? Ahora cualquiera puede consultar en su Smartphone el mapa de esa escondida región de Moldavia que de repente se ha puesto de moda entre los hipsters e incluso darse un paseo virtual por sus calles gracias a servicios como Google Maps. En cuanto a la música, lo más fácil del mundo es sincronizar nuestras listas de canciones favoritas y ¡voilá! Será como llevar en el bolsillo nuestra discoteca particular.

Finalmente, cotillear sobre la vida de los amigos es algo que ha cambiado radicalmente. Basta repasar su historial de Facebook, Twitter, Linkedin y demás páginas en las que estamos retratados y probablemente sabremos más de su vida que cualquiera de sus vecinos. Desde luego no es tan divertido como reunirse con la pandilla y preguntar cómo le van las cosas a los viejos amigos, y qué duda cabe que la sana curiosidad puede convertirse en un morboso espionaje en toda regla. Pero no olvidemos que lo que podamos encontrar sobre los demás en Internet, probablemente lo puedan ver los demás sobre nosotros?

La paradoja de todo esto es, seguramente, que la tecnología es simplemente una herramienta más que tenemos a nuestro alcance para demostrar cómo somos y ayudarnos a conseguir lo que queremos y necesitamos, pero nada más. Y nada menos. Y conviene recordar que, como decía Spiderman, "con un gran poder viene una gran responsabilidad".