Esta plataforma tiene 50 millones de usuarios, 5 millones sólo en España. En Internet existen páginas web como ésta en la que ciudadanos e incluso empresas y políticos pueden exponer sus quejas o propuestas de mejora, y buscar el apoyo de otros para elevar esas ideas y hacerlas realidad.

El activismo online nace en EEUU, aunque se extiende rápidamente por todo el mundo. La propia Hillary Clinton es una de las impulsoras de este fenómeno. Ha apoyado causas en Change.org como el derecho de las mujeres saudíes a conducir.

En España, al no exigir una identificación con DNI, estas firmas no tendrían validez ante una iniciativa legislativa popular.

Pero su impacto no es inexistente, ni mucho menos. ¿Recordáis la polémica en torno al programa La Noria, por la que un buen puñado de anunciantes amenazó con quitar sus anuncios? Todo empezó en Change.org, a partir de la queja que puso un periodista español, Pablo Herreros, después de que se entrevistara en ese programa a la madre de "el Cuco". Pronto las firmas de apoyo se contaban en miles (100.000 en 48 horas) y los anunciantes, temerosos de que se asociara su nombre con la polémica, empezaron a replegarse.

Hay más ejemplos. Este diciembre, el ex-presidente de Cantabria y secretario general del PRC, Miguel Ángel Revilla, reunió casi 132.000 firmas en diez días en esta plataforma en apoyo del juez que inició la instrucción del caso Blesa, contra el ex-presidente de Caja Madrid.

Cada mes, más de 3.000 personas inician nuevas peticiones en España, algunas de ellas para pequeñas situaciones de barrio, otras para grandes causas internacionales. Por supuesto, sólo unas pocas consiguen un remedio inmediato. Pero lo que sí es muy probable es que las empresas, marcas o políticos a las que se haga referencia lean los comentarios y tomen nota. De hecho, la propia Change.org ha creado una herramienta llamada Decision Makers, a través de la que estos pueden contestar directamente a los ciudadanos. Muchos mirarán para otro lado, pero antes o después se verán obligados a escuchar y, posiblemente, se animen incluso a formar parte de la conversación.

Si eres aún un escéptico del poder social de Internet, te daré otro argumento: aunque no todas las opiniones y los colectivos sociales estén aún en Internet, los que sí lo están son ya muy numerosos, y representan a clientes y a votantes reales.

Los tiempos están cambiando. ¡Animaos a proponer ideas para un mundo mejor!