Es oficial. El próximo viernes 25 de abril, Microsoft completará la adquisición de la unidad de terminales de Nokia. El cierre de la operación, que fue anunciada en septiembre del año pasado, se ha dilatado debido al retraso para conseguir la aprobación las autoridades de la Competencia chinas, que no dieron el visto bueno hasta comienzos de abril.

A partir del viernes, los 32.000 empleados de la histórica compañía finlandesa serán trabajadores de Microsoft. Stephen Elop, consejero delegado de Nokia y ex ejecutivo de Microsoft, vuelve a Redmon, sede del gigante estadounidense, para dirigir la unidad de hardware de la compañía donde se integrará el negocio de terminales de Nokia.

Un negocio por el que Microsoft ha pagado 5.400 millones de dólares, una auténtica ganga para hacerse con la compañía que dominó la industria de los móviles durante quince años. Basta un dato: a comienzos de siglo, cuando Nokia estaba en lo más alto, su valor bursátil era de 285.000 millones de dólares. Sin embargo, la compañía naufragó debido a su falta de visión de futuro. Nokia, que siempre presumió -y con razón- de contar con hardware extraordinario, se quedó anclada demasiado tiempo en un sistema operativo anticuada. La compañía se dio cuenta tarde de que su plataforma no estaba a la altura de lo que exigían los clientes en la era del iPhone.

Microsoft, mucho más que software

Con la compra del fabricante europeo, Microsoft da un nuevo paso en su estrategia para evolucionar desde una compañía centrada casi exclusivamente en el software a otra en la que cobran un peso creciente los dispositivos y los servicios. La compañía confía en que Nokia le permita acelerar la adopción de los terminales basados en su sistema operativo Windows Phone, que en la actualidad tiene poco más de un 3% de cuota de mercado.

Desde que, en febrero de 2011, Nokia abrazó Windows como sistema de sus terminales, la compañía perdió un 20% de cuota. En el último trimestre del pasado año, últimos datos disponibles, la facturación de Nokia en el negocio de móviles cayó un 29% hasta 2.630 millones de euros. De hecho, la compañía vendió 8,2 millones de terminales Lumia, su buque insignia, frente a los 8,8 millones que comercializó en el trimestre previo. En todo el año, vendió 30 millones de smartphones Lumia, lejos aún de los 50 millones de unidades que se ha marcado como objetivo Microsoft.

Lo cierto es que, a partir del lunes, Microsoft se convierte en un nuevo competidor de Apple, Samsung, LG, Huawei, ZTE, LG y Sony en la difícil batalla de los móviles inteligentes.