Ahora que acaba de terminar el Mundial de fútbol (al menos para la selección española), ha llegado el momento de repasar no lo mejor ni lo peor del campeonato, sino lo que a nosotros nos gusta: lo más raro. Los estadios brasileños han sido escenario de cosas nunca vistas, nunca esperadas y sobre todo nunca comentadas en este blog. Hasta ahora.

- El 9,15 Fair Play. O sea, el curioso spray que toma su nombre de la distancia reglamentaria que debe haber desde la barrera de defensas hasta el balón en el tiro de faltas. Una ingeniosa manera de impedir que los jugadores den unos cuantos pasos hacia el tirador y que más que tapar huecos se le echen encima. Al parecer la idea es de un argentino ?su fórmula es la que se está utilizando en Brasil-, pero un malagueño asegura que en el año 200 registró un invento con propiedades idénticas. Esta polémica y su nombre tan chocante hacen aún más raro a este aerosol evanescente.

- El Goal-control 4D. Más que nada por seguir con los tecnicismos, pero vamos, que se trata del sistema de vídeo que trata de acabar con los polémicos "goles fantasma" que no se sabe si han entrado del todo en la portería, o solo un poco, o nada de nada. Un total de 14 cámaras de vídeo ayudan a dilucidar al árbitro, y de paso le quitan de encima la responsabilidad de tomar una decisión en casos como el del partido Francia-Honduras. Como hemos podido comprobar, las máquinas se equivocan tanto o más que los árbitros, pero de esta manera los entrenadores pueden ahorrarse las tradicionales quejas al árbitro.

- Los tiempos muertos. Con el calor que debe hacer en algunos estadios de Brasil, el peligro de deshidratación de los jugadores no es ninguna broma, y la verdad, mejor tener un par de tiempos muertos en cada partido que un par de jugadores agonizando y con la boca seca. Cabe preguntarse si esta costumbre se mantendrá en todos los casos en que haya un evidente peligro de jamacucos, como en la liguilla andaluza de veteranos en el mes de agosto y similares.

- Los disturbios en la calle. Qué raro, ¿no? En los anuncios de refrescos y televisores siempre salen imágenes de gente entusiasmada con el Mundial, aficiones enardecidas, espectadores sonrientes y simpatizantes dejándose llevar por la alegría que se supone debe destilar el país que acoge un Mundial de fútbol? y resulta que a muchos brasileños no les ha gustado nada que su nación se convierta en la capital mundial del deporte rey durante este año. Puede que sea culpa de la política, o de las desigualdades sociales, o que simplemente no les venía bien y preferían un campeonato de piragüismo o de hípica.

- El ridículo de España. Para quien no lo haya vivido o no lo recuerde, España jugaba tradicionalmente el papel de la gran promesa que resultaba eliminada en la segunda ronda. Después de ganar el anterior Mundial y el campeonato de Europa, en Brasil hemos caído en la primera ronda, así que en el fondo nos hemos superado a nosotros mismos y hemos batido nuestro propio récord. ¿Raros? Puede ser, pero es que no se consuela es porque no quiere.