Uno entre mil millones

Hace poco hemos leído que ya hay en el mundo más de mil millones de smartphones. Muy posiblemente tú, lector, tengas alguno de ellos. Y en la enormidad de este número, no eres más que una mota de polvo. Para la mayoría de las compañías telefónicas no eres sino un cliente más (no es el caso de MásMóvil, que nos trata de maravilla). Y en el mundillo de las aplicaciones y redes sociales eres un usuario, más o menos activo, más o menos importante… pero uno más al fin y al cabo.

Sin embargo, hay un mundo en el que puedes ser único. Imprescindible. Un mundo vivo y cambiante donde puedes ser quien quieras, es decir, más tú mismo que en ningún otro sitio. Un lugar lleno de amigos -y de enemigos- donde siempre eres bienvenido y al que puedes regresar cada vez que necesites volver a conectarte con una realidad diferente a ésta; un lugar creado para divertirte y donde todo es lo que parece, porque está hecho de fantasía. El universo de los juegos MMO y los eSports.

Los MMO (Massive Multiplayer Online, o mutijugadores masivos en línea) no son solo el divertimento de internautas ociosos o frikis apasionados de la fantasía. Son un jugoso negocio y una de las formas de ocio más importantes en la actualidad. Incluso han dado lugar al nacimiento de los llamados eSports o deportes electrónicos. Un dato: el League of Legends, uno de los MMO más populares últimamente, tenía 12 millones de usuarios hace poco más de un año. Hoy tiene más de 27 millones. Y hablamos de jugadores diarios, porque registrados hay más de 70 millones. Y picos de 7,5 millones de jugones conectados simultáneamente. La pasión por este videojuego es tal que los campeonatos mundiales –que los hay- son retransmitidos en streaming por internet y cuentan con millones de espectadores… ¡y millones de dólares en premios! Hay profesionales de esto, patrocinadores oficiales y todo un circuito internacional de competiciones. Pero, lo que es más importante, millones de jugadores que se lo pasan bien sin tener que pagar un céntimo. Porque jugar al “LoL” es gratis.

Y no se trata de un caso único, porque hay decenas de títulos como éste que gozan de una popularidad difícil de comprender para quien no esté en el mundillo. DOTA, World of Warcraft, Guild Wars, EVE… son solo algunos de los más conocidos. Se puede decir que la edad dorada de los MMO llegó con el archiconocido World of Warcaraft –o WoW-, que después de diez años en la red sigue siendo el favorito de millones de usuarios que cada mes se dejan la pasta encantados por seguir dando espadazos y lanzando hechizos virtuales. Un momento, pero ¿no era gratis? En casi todos los casos, jugar es gratis. En algunos casos, después de un período de prueba hay que pagar una cuota mensual. Y en unos pocos casos, es imprescindible pagar para poder destacar entre los demás jugadores con ítems especiales como objetos mágicos, armaduras, etc. Son lso criticados “free to play-pay to win”, juegos que al ser gratuitos enganchan a gran cantidad de usuarios que llegan a un punto en el que deben pagar unos euros para progresar en el juego y que jugar siga siendo divertido.

Como las cantidades no suelen ser muy altas -¿cómo no voy a comprarme esta armadura dorada por 0,99?-, son muchos los que poco a poco se dejan los euros en este tipo de micro transacciones, y por eso no es de extrañar que lo de los MMO sea a veces un negocio redondo. Por ejemplo, el mencionado LoL ingresa cada año más de 600 millones de dólares. Y en el caso de los títulos que exigen una cuota mensual a sus usuarios, o incluso cobran por descargarse la base del juego, podemos pensar que sus creadores tienen casi casi una máquina de imprimir billetes. Claro que no todos alcanzan el éxito deseado, y se calcula que para ser rentable un MMO debe tener como mínimo 20.000 jugadores, pero cuando un MMO funciona bien, es un fenómeno de masas. Por cierto, ya hay unos cuantos juegos de este tipo que se pueden jugar en smartphone, y es solo cuestión de tiempo que los grandes títulos lleguen a estar presentes en todo su esplendor en nuestras pequeñas pantallas táctiles.

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