Una reflexión para los tiempos de crisis

Para que una economía sea sana y sostenible debe asegurarse la obtención de ingresos que, como mínimo, igualen a sus salidas o egresos. Esto es aplicable tanto a nivel personal, como empresarial, municipal y nacional; es decir que es válido desde el punto de vista macro y microeconómico.

De lo dicho destacamos los dos tipos de acciones para hacer sostenible una economía:

1. Acciones de contención y reducción del gasto.

2. Acciones de expansión o crecimiento.

Ambos tipos de acciones son necesarias y complementarias.

Si no contenemos el gasto estaremos reduciendo nuestra capacidad de ahorro. Si no crecemos estaremos comprometiendo nuestro futuro.

Tal como se deja entrever, la contención del gasto no es suficiente para asegurar la sostenibilidad. Podremos comprimir el gasto pero sólo hasta un cierto límite, y después qué?, especialmente cuando esa contención no sea suficiente.

Entonces surge la importancia del crecimiento. Este es el que nos va a permitir mantener un cierto nivel de gastos así como generar recursos (ahorros) para cuando sean necesarios.

La intención de este artículo no es la de banalizar ni minimizar los principios económicos sino la de reflexionar sobre las acciones necesarias para tratar de estabilizar y sostener nuestra situación económica, especialmente en tiempos de crisis. Como individuos podemos y debemos contribuir y colaborar para que nuestras sociedades sean sostenibles, aunque nuestro impacto directo en ese resultado sea bajo o difícilmente medible, que no es el caso para nuestra situación personal.

Una crisis es un cambio de estado o de condiciones. Una crisis económica es un momento en el cual la economía presenta indicadores negativos.

Normalmente, y en primer lugar, una crisis económica impacta directamente sobre nuestros ahorros debido al tiempo que podemos llegar a tardar en darnos cuenta de los cambios. Se nos disparan algunos gastos, se encarecen algunos elementos fundamentales sin que haya un incremento de nuestros ingresos. Tiramos de nuestros ahorros, reducimos nuestra capacidad de ahorrar o contraemos deudas para afrontar estos mayores gastos.

Al darnos cuenta de la situación tomamos medidas de contención y reducción de ciertos gastos. Eliminamos los menos necesarios, renegociamos otros, diferimos el pago de otros, buscamos alternativas para otros, etc..

El tamaño, características e impacto de la crisis también pueden poner en riesgo nuestras fuentes de ingresos. Si alguien reduce su nivel de egresos, algún otro verá reducidos sus ingresos (todo ingreso para un individuo se origina en algún egreso para otro y viceversa).

Entonces, toda reducción de gastos implicará una reducción de ingresos para alguien.

Como individuos nos preocupa cuándo esa reducción de ingresos la sufrimos (o podemos sufrir) nosotros. Por ello somos actores fundamentales en la búsqueda y puesta en práctica de acciones para evitar la reducción de ingresos y asegurar el crecimiento.

Lamentablemente estas acciones no son tan fáciles de identificar como las de contención del gasto. Son propias de cada individuo y dependen de nuestras características, aptitudes y capacidades heredadas y adquiridas pero también están influenciadas por el entorno. Sin embargo podemos dar algunas pistas o ideas para identificar y desarrollar fuentes alternativas de ingresos como pueden ser:

• la búsqueda de alternativas laborales (mejores puestos y/o condiciones),

• el desarrollo y oferta de productos o servicios que nos puedan generar ingresos (tengamos en cuenta las facilidades que nos brindan las nuevas tecnologías),

• el adquirir nuevas aptitudes (capacitación).

Hoy en día disponemos de enormes cantidades de información que nos pueden servir de fuente de inspiración para anticiparnos a los cambios.

Una crisis económica es un cambio y cambios ocurren permanentemente.

Las situaciones resultantes de un cambio no determinan nuestra situación individual, aunque pueden llegar a condicionarla o afectarla en mayor o menor medida según sea nuestra aceptación y resignación. Para sobrevivir a ella no podemos bajar los brazos, debemos esforzarnos aún más ya que todo puede ser más difícil pero no imposible.

Y finalmente, toda crisis presenta oportunidades, lo importante es identificarlas y aprovecharlas. Comparando una crisis con una tormenta, vemos que en una tormenta no todos nos mojamos, hay quienes comparten su paraguas para que otros no se mojen (o se mojen menos), algunos disfrutan al mojarse y otros obtienen beneficios, como por ejemplo los vendedores de paraguas.

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