Star Citizen: el videojuego más alucinante hasta la fecha

Una fecha que, por cierto, está aún por llegar, ya que el juego no ha arrancado oficialmente aún. Se prevé que el lanzamiento tenga lugar a finales del año que viene. Entonces, ¿a qué viene hablar de algo que ni siquiera existe en el etéreo y virtual mundo de los juegos de ordenador? Pues bien, viene a que Star Citizen es uno de los productos de ocio más sofisticados, complejos, costosos y esperados de la historia, si no el que más. Y como siempre, después de soltar una frase grandilocuente y que puede parecer exagerada, toca justificarse…

Star Citizen nació como un proyecto de crowdfunding (financiación colectiva) que, abanderado por el mítico creador de videojuegos Chris Roberts (autor de Wing Commander), prometía un universo inconcebiblemente variado, grande y completo. El juego, exclusivamente para ordenadores con Windows o Linux, encandiló a miles de fans de todo el mundo y batió todos los récords en la historia de Kickstarter, recaudando unos 80 millones de dólares. Desde el primer momento, todo lo que ha rodeado a este proyecto ha sido grandioso, desmesurado. Una presentación que mostraba algunos aspectos del videojuego y que fue llevada a cabo por el equipo de desarrolladores duró nada menos que 24 horas. Hace poco se anunció que el juego ocupará más de 100 Gigabytes de memoria. Y en ese plan.

Describir su mecánica es simple y complicado a la vez: piensa en un universo completo, con un número virtualmente infinito de galaxias, sistemas planetarios y planetas, recreado hasta el último detalle. Para los entendidos: 60 fps y 1080p. O sea, gráficos muy detallados y moviéndose a gran velocidad. El jugador puede comprar una o varias naves espaciales con las que adentrarse en este mundo, explorarlo, aliarse con otros jugadores, luchar contra ellos, traicionarlos, mantenerse al margen, limitarse a explorar, cumplir misiones asignadas… Prácticamente todo es posible en un universo vivo y persistente –que sigue evolucionando en tu ausencia- y repetimos, casi infinito. Por ejemplo, si alguien derrota a algún enemigo, éste muere y se acabó. Nada de regenerarse para que otro jugador pueda luchar contra él de nuevo. El primero en lograr esa gesta será recordado, hará “historia”.

Los precios de las naves pueden rebasar los 200 euros (euros de los de verdad, no virtuales), y resulta increíble ver cómo ya hay gente que se ha hecho con una flotilla de vehículos espaciales y espera –suponemos que ansiosamente- a que se lance el juego para empezar a amortizarlas. Además, se pueden contratar seguros para recuperar el dinero o la nave en caso de catástrofe. En Star Citizen hay de todo y todo es bonito: bares de diseño futurista, farmacias, tiendas de naves, aduanas, lugares de encuentro para que los jugadores comercien o intercambien información, mapas espaciales, etcétera. Hay minas que se pueden excavar. Hay gobiernos, disidentes, activistas políticos, piratas, anarquistas… Habrá planetas donde las formas de vida son una incógnita incluso para sus creadores, porque los encargados de generar muchos de estos elementos del juego con algoritmos. Seres que viven en cráteres de volcanes, civilizaciones subterráneas… El universo Star Citizen es tan vasto que, por ejemplo, la empresa fabricante de tarjetas gráficas NVidia piensa esconder en algún planeta regalos valorados en más de 1.000 euros para que se los quede el primero en encontrarlos.

Este juegazo pretende ser una especie de compendio de varios géneros de videojuegos: tendrá elementos FPS al estilo Call of Duty, simulación, partes de RPG, luchas de naves, exploración y aventura, comercio y estrategia… Ahora mismo están trabajando unas 300 personas en su desarrollo, desde Shangai hasta Montreal, y se diría que a medida que avanza el proyecto no para de crecer. Los vídeos, fotogramas y notas de prensa publicados por los fans, la prensa del videojuego y los desarrolladores aumentan casi cada día la expectación que rodea a Star Citizen. Un dato: el motor gráfico que se está utilizando es CryoEngine, que fue originalmente concebido para recrear espacios reducidos con un alto nivel de detalle. Pues bien, estos chicos están creando, con el mismo minucioso nivel de detalle, naves de 6 kilómetros de largo.

Las mejoras basadas en ideas aportadas por los fans siguen incorporándose al juego, y un cambio reciente obligó a lso desarrolladores a reescribir millones de líneas de código. No hay números pequeños en el mundo Star Citizen. Sus creadores aseguran que el número de armas es casi incomprensible, que las naves pueden sufrir averías equivalentes a las de un ingenio equivalente en la vida real (si llega a existir), que se tendrán en cuenta factores como el flujo del calor, la disipación de energía, la resistencia de los materiales. Ya existe un mercado “negro” de compraventa de naves, varias enciclopedias que recopilan la información existente sobre el juego y miles de supuestas filtraciones, a veces contradictorias, que no hacen sino avivar aún más la llama del “hype” que abrasa a decenas de miles de futuros ciudadanos de las estrellas. ¿Qué sentirán cuando despeguen por primera vez?

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