El reparto del trabajo que requiere cuidar un bebé, matemáticamente optimizado

Cuidar un bebé no es fácil y requiere mucho tiempo; no hace falta ser un genio de los números para saber esto. En el escenario más típico en el que dos progenitores comparten la tarea, normalmente con diferentes papeles al respecto e incluso podría decirse que diferentes “objetivos”, puede llegar a ser una tarea realmente complicada. Pero para analizar mejor el asunto la matemática Angela Vierling-Claassen ha publicado un trabajo al respecto en el que explica cómo tratar la situación según la teoría de juegos, el área de las matemáticas que se dedica a las estrategias y decisiones en casos así.

El trabajo es una especie de simulación o modelo de un “juego de los padres2 ideal y se puede leer al completo en la revista Rationality and Society (Division of labor in child care: A game-theoretic approach). Aunque por su aspecto asuste un poco, con fórmulas raras y gráficos no aptos para todos los públicos, puede resumirse en “versión para todos los públicos”.

Antes que nada hay que entender que en matemáticas el concepto de “teoría de juegos” se aplica a situaciones en los que dos o más personas o entidades compiten para lograr unos objetivos, siguiendo ciertas reglas. El estudio de las diferentes posibilidades permite calcular las estrategias óptimas de cara a tomar decisiones para “ganar” en el juego, ya sea una subasta, una batalla contra otro ejército o una campaña de descuentos contra la competencia.

En el escenario de los padres y los bebés, como en otros, se parte de una idea simplificada acerca del escenario real. Se supone por ejemplo que el bebé tiene dos progenitores (padre y madre), que ambos trabajan y que son ellos mismos quienes lo cuidan en persona. También que hay cuatro objetivos: (1) Proporcionarle cuidados suficientes al bebé; (2) Pasar cierto “tiempo dedicado” y de calidad con él para crear un vínculo; (3) Disponer de tiempo personal para el entretenimiento (lo cual puede estar en conflicto con otras actividades (como los objetivos 1 y 2) y finalmente (4) Que el reparto sea igualitario. El número de horas que se calcula en primera instancia para los cuidados del bebé es de 3 al día, aunque puede ser cualquier otro.

El concepto es matemáticamente ideal aunque lejos de la realidad cotidiana: normalmente la gente cuenta con ayuda (cuidadoras, familia, guardería), pero tiene limitaciones de horarios (trabajo). También se diría que el bebé suele requerir más horas cuanto más pequeño (y 3 horas se antojan insuficientes, por mucho que duerma). A veces se puede disponer de tiempo extra si se opta por el permiso de maternidad/paternidad. Y si la madre lo amamanta existe esa tarea extra y dedicada de la alimentación.

El resumen del extenso trabajo es muy curioso y con algunos detalles interesantes –al menos según dicen sus matemáticas: los cuatro objetivos podrían ser posibles en primera instancia si el reparto fuera totalmente igualitario (1,5 horas al día cada progenitor). Pero normalmente sucede que las madres tienen más trabajo cuando el bebé es más pequeño (digamos, 2 horas frente a 1 hora el padre) y curiosamente esa fórmula también funciona a la perfección porque suma las 3 horas totales que se requieren.

Pero eso lleva a una situación extraña según la teoría de juegos: cuando se hace así el padre sale más “beneficiado” porque el objetivo más importante (el 1, cuidados) se cumple y además se maximiza el suyo personal (3, tiempo libre). Así que tiene pocos incentivos para cambiar. El resultado es bueno para el bebé, pero no es óptimo para ambos padres.

El análisis se complica todavía más cuando se aplican fórmulas en las que cada progenitor tiene ideas diferentes sobre cuántas horas al día debería cuidarse al bebé, aunque como decía alguien con mucho humor “y estos matemáticos no han incluido en las fórmulas el horror del tiempo de sueño perdido por la noche”.

De las conclusiones, la más importante es que el reparto igualitario no es nada fácil y que solo si se intenta que el objetivo (4) “que el reparto sea igualitario” tenga cierta importancia, empezando “el juego” con un reparto al 50 por ciento, se podrá conseguir un resultado óptimo. Eso es lo que garantiza el resultado óptimo; cualquier otra forma (como la 2+1) puede también funcionar, pero no tan bien y, además, acaba metiendo a los padres en una espiral de la que, según la definición del juego, pueden no “querer salir”. Así que los padres con ciertas inquietudes matemáticas ya saben: aunque haya otras formas matemáticamente exactas de repartir, “mitad y mitad desde el principio” es lo que hay que hacer o no se conseguirá ese objetivo.

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