Más difícil todavía: enviar mensajes sin ninguna conexión

Sin conexión a Internet, sin 4G, sin 3G, sin pagar un céntimo. Sin depender de redes WiFi. Y con toda la rapidez y prácticamente la misma fiabilidad que las redes convencionales. Es más: mientras que la mayoría de los sistemas conocidos pueden tener dificultades cuando un elevado número de usuarios está usando la misma aplicación en el mismo lugar –los conocidos colapsos de la red que “rompen” whatsapp”-, hay una app que funciona mejor cuando hay más gente usándola al mismo tiempo en un mismo sitio. Es Firechat.

Es gratis, está disponible para iOS y Android y hasta los smartphones más antiguos lo pueden usar. ¿Cómo funciona? Empleando la antena que todos los móviles llevan incorporada para buscar señales WiFi o Bluetooth y estableciendo una conexión con otro dispositivo que se encuentre cerca –hasta 200 metros como mucho- y saltando desde ese otro teléfono hasta otro, y de él a otro… Siempre que haya cerca un teléfono con Firechat instalado, será posible la formación de una red espontánea y abierta a la que puede unirse cualquiera. Las posibilidades de este sistema con interesantísimas: desde situaciones de emergencia en las que las comunicaciones convencionales resultan casi imposible, hasta cualquier evento en el que se concentren muchas personas en poco espacio: conciertos, partidos de fútbol, manifestaciones…

Precisamente, Firechat ha ganado mucha popularidad gracias al papel que involuntariamente ha jugado en acontecimientos como las protestas ciudadanas en Rusia, Irak o Hong Kong. En esta ciudad china, por ejemplo, unas 100.000 personas se instalaron esta app en menos de 24 horas y se calcula que en algunos momentos cerca de 40.000 usuarios la estaban usando al mismo tiempo. En todo el mundo hay unos cinco millones de teléfonos con Firechat instalado, pero sus fundadores aspiran a que todos, o la mayor parte de los smartphones del planeta, cuenten con esta interesantísima app y de esta manera crear una especie de red global de comunicaciones. Suena un tanto exagerado, pero si hace unos años nos hubieran dicho que podríamos mandar y recibir mensajes de esta manera, pocos lo habrían creído posible… y aquí está.

Estamos hablando de una manera rara de hacer las cosas, de una empresa rara: la componen solo 14 trabajadores, los fundadores son franceses, la mayoría de la plantilla pasa de los cuarenta años, y aunque podrían hacerlo, no pretenden convertirse en millonarios con esta aplicación. Para ellos es, de momento, una manera de darse a conocer y demostrar de lo que son capaces en el ámbito de las comunicaciones. Nada de publicidad, nada de venta de datos a terceros. Ni siquiera están ubicados en una zona de moda ente las start-ups. Su mercado potencial por ahora está en países en vías de desarrollo o con carencias estructurales en telecomunicaciones, pero pegan fuerte en Estados Unidos y España, por ejemplo, es el decimosegundo país del mundo con más “Firechatters”. Sin embargo, uno de los problemas que acompañan al uso de esta fantástica herramienta está causado precisamente por sus características más atractivas: es enormemente fácil suplantar la identidad de cualquier usuario ya que casi ninguno de los perfiles está verificado, y aunque la idea de una comunidad anónima y abierta que se comunica por mensajes gratuitos es muy sugerente, imaginemos el uso que podrían darle los que intenten burlar la vigilancia de la ley con malas intenciones.

Sus desarrolles aclaran que “la gente debe entender que no deben usar Firechat en ninguna situación en la que pueda estar en peligro en el caso de que fueran descubiertos o vigilados por alguien hostil; no es una aplicación apropiada para comunicaciones privadas o secretas, ya que no se encriptan los mensajes de ninguna manera”. O sea, que mejor reservar su uso para viajes en avión o metro, festivales o museos, por ejemplo. El caso de las personas que confiaron en Firechat para organizarse o ayudarse en situaciones comprometidas, como las protestas de Hong Kong, son excepciones, por mucho que hayan servido para dar a conocer esta excelente app. Atenas o Detroit están entre las ciudades que cuentan con una red “Firechat” más densas del mundo.

El origen de esta tecnología está en la idea surgida de la mente de Paul Gardner-Stephen, un investigador australiano. Durante las tareas de ayuda a la población haitiana tras el terremoto de 2010, este científico concibió un sistema de comunicaciones para entornos precarios en infraestructuras que, en lugar de basarse en la existencia de una gran y eficiente red global, aprovechase la cercanía entre dispositivos para ir estableciendo, a modo de pequeños “saltos”, una red local. Hoy día, los ciudadanos de Bagdad, Hong Kong, la Cruz Roja de Nueva Zelanda y millones de personas en todo el mundo pueden mandar y recibir mensajes gracias a Firechat.

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