Los disfraces de Halloween que dan más miedo (hasta sin quererlo)

El cumpleaños de la suegra, el final del plazo para presentar la declaración, el día de descongelar el frigorífico para limpiarlo… hay fechas que dan mucho miedo pero, inevitablemente, llegan. Halloween, la versión anglosajona de nuestra festividad de Todos los Santos, podría ser una de ellas, ya que la tradición manda que uno debe disfrazarse de algo que dé mucho miedo. Momias, vampiros, psicópatas y banqueros son algunos de los clásicos que se repiten cada año, pero lo que de verdad asusta es el vano empeño de algunos en transformarse en un personaje terrorífico sin querer gastarse un duro, quedándose a medias en el intento o, peor aún, intentando ir más allá de lo que aconseja la autoestima, incluso en una fiesta tan loca como Halloween.

“Loca boca abajo” es precisamente como llaman a este disfraz en la tienda online que lo tiene a la venta. Desde luego, la impresión está garantizada, pero si de verdad quieres que los que te vean vistiendo así se sientan aterrorizados, explícales que te has gastado más de 60 euros en este espantajo. A partir de ese día darás miedo a todos tus amigos incluso cuando ya no lleves puesto este modelito. Que por cierto puedes hacerte tú mismo con unos retales sucios, cuatro pares de calcetines y un poco de mala leche.

Pero hey, si incluso eso te parece poco y te gusta vivir al límite, ¿por qué no echar el resto y gastar más de 150 euros en un disfraz que encima te pondrá difícil tomar una copa? Y no hablemos ya de cuando necesites ir al cuarto de baño… Emociones fuertes garantizadas con este ocurrente disfraz dos-en-uno en el que haces de gorila y de ti mismo a la vez. Naturalmente, sales perdiendo en este duelo imposible entre el hombre y el simio; entre la broma simpática y la tontería sin paliativos; entre la ocurrencia y el absurdo. Disfraces así hacen que nos alegremos de que Halloween sea solo un día al año.

He aquí todo un alarde de originalidad: un cura zombie. Aparte de las sensibilidades que puedas molestar, y no lo decimos por lo de “zombie”, te la juegas con esas faldas que convertirán en misión imposible cualquier intento de bailar en una fiesta, subir o bajar escaleras o conservar la dignidad. La parte esquelética parece sacada de la portada de un disco “heavy” de los años ochenta, pero no todo es malo en este disfraz: la faja roja puede ser reciclada como bufanda para cuando, entrada la noche, tengas que volver a casa andando porque ningún taxi querrá llevarte. Ánimo.

Terminamos con algo que da miedo, mucho miedo. Míralo bien. ¿No te asusta? ¿Y si te decimos que es un disfraz para niños? La cosa cambia, ¿verdad? Pues imagínate el miedo que deben dar los padres que dejan a su pequeño salir vestido así la noche de Halloween. No solo por el constipado que puede pillar la criatura, sino porque para que un chaval normal se meta en el papel antes le habrán tenido que explicar que eso de ser punki y montar en monopatín es igual que ser un monstruo malísimo y antisocial…

Después de ver esto, lo de disfrazarse de momia con papel higiénico ya no suena tan mal, ¿no?

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