Eso del ‘Internet de las cosas’, ¿qué demonios es?

En la última semana hemos oído de forma machacona el término Internet de las cosas, que ha sido –un año más- uno de los pilares que ha aglutinado más novedades en el CES de Las Vegas, la feria de electrónica de consumo más importante del mundo y que se celebra todos los meses de enero en la capital mundial del juego.

Eso del Internet de las cosas es un término algo amplio y ambiguo, al que ahora se quieren apuntar todos. Básicamente, Internet de las cosas hace referencia, como su nombre indica, a las comunicaciones entre dos o más dispositivos, sin que interfiera una persona. Así como el ordenador, tablet o smartphone desde el que leéis este post está pensado para interactuar con una persona, algún día no muy lejano tendremos en casa aparatos capaces de tomar decisiones por sí mismos, a partir de la información que les faciliten otros aparatos o sensores.

En verdad, se trata de ir un paso más allá de lo que ya hacen muchas alarmas y sistemas de calefacción inteligentes en nuestras casas, y de lo que hacen la mayoría de robots de una fábrica moderna: si sufren una avería la máquina, por sí misma, intenta reparar el daño, y si no es capaz envía una alerta al técnico y a veces redirige la producción hacia otra cadena de montaje.

A quién vamos a engañar, la parte más vistosa del Internet de las cosas es todo lo que tiene que ver con el hogar conectado, ¿no crees? En las ferias CES, hace años que encontramos aparatos conectados de uso doméstico para todos los gustos, desde un bolígrafo a una lavadora, pasando por un tenedor saludable, que ayuda a controlar el ritmo al que comemos.

Fuente: http://misgafasdegoogle.com

Otro ejemplo. En la última edición del CES se ha podido ver un sistema de calefacción que se pone en marcha cuando las personas sienten frío. Como lo oís.

Y todo esto, ¿para cuándo?

El sistema de calefacción del que hablamos, por ejemplo, será una realidad dentro cinco años. En verdad, hace diez años que se dice que el hogar conectado es el próximo gran boom, y no hay manera. ¿Por qué? Porque quién va a querer en su casa un costosísimo sistema de calefacción que entiende de emociones, si por mucho menos puedes tener un termostato inteligente.

¿Os acordáis del frigorífico que encargaba la compra cuando detectaba que se iban agotando los productos? ¿Y qué pasa si esa semana tienes pensado comer fuera más días de lo habitual, o tener invitados? En cualquier caso, ¿qué va a hacer el supermercado, enviarte un mensajero un día con yogures, al día siguiente con leche y al siguiente con un poco de pollo, que también se te ha acabado? Pensándolo mejor, ¿no es más sencillo que el usuario configure un pedido semanal estándar, y establezca sobre el mismo los cambios que le apetezca? Tampoco es tanto engorro, ¿no creéis?

No es un tema de tecnología, es un tema de utilidad y, sobre todo, de coste. En un post anterior de este blog os hablamos de cómo ve Google el futuro inmediato de los hogares. La conclusión: la mayoría de las tecnologías futuristas con las que soñamos… están ahí fuera.

El futuro nos depara tecnologías que nos harán la vida mejor. Y vosotr@s, ¿cómo os imagináis que serán los hogares en el año 2030?

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