El día en que sólo los bichos raros se comprarán un coche

Ese día está más cerca de lo que parece. La llegada de la app Uber ha desatado la polémica, pero hay otras apps y portales online ahí fuera, de los que muchos pasarán el filtro una vez que las actividades de ‘consumo colaborativo’ se regularicen. Se trata de un fenómeno imparable.

Internet es un canal magnífico para que personas  que no se conocen se pongan en contacto. A través de Internet, un usuario que viaja solo puede encontrar acompañantes; una persona que se va de vacaciones puede encontrar alguien con quien intercambiar su casa; y una persona que no esté en casa durante el día puede ceder a otro su plaza de párking.

El ‘consumo colaborativo’, igual que la venta de productos de segunda mano, o el ‘showrooming’ (consultar en Internet antes de realizar una compra en una tienda) son prácticas al alza en nuestra sociedad. Las compras se están volviendo más inteligentes, y más sociales.

¿Qué dice la ley?

Para ser exactos, no existe un vacío legal como tal. Lo que no hay son leyes que regulen expresamente las nuevas situaciones que se producen con estas apps. La ley actual permite que la gente comparta gastos, pero no que generen ingresos, es decir, que conviertan el compartir coche, casa, párking o electricidad en un ingreso (recurrente o no), sin declarar por ello.

El primero de los problemas legales es el fiscal: si generamos ingresos, Hacienda entiende que se trata de una actividad económica y, por lo tanto, sería necesario pagar al fisco un porcentaje de las ganancias.

En el caso de los transportes hay un segundo problema, y posiblemente mayor que el fiscal: la seguridad de los ‘pasajeros’. Con Uber, usuarios particulares sin una licencia oficial y sin haber pasado los controles pertinentes actúan como si fueran taxistas profesionales. Uber exige exclusivamente que el conductor tenga al menos 3 años de carnet y que su vehículo tenga el seguro básico obligatorio. ¿Y si hay un accidente? ¿Puede la aseguradora desentenderse?

Teóricamente, siempre que se trate de “compartir gastos”, y no de “cobrar un servicio”, no habría problema. En BlaBlaCar, por ejemplo, los precios (orientativos) se establecen teóricamente calculando el coste por kilómetro de un coche, tanto en gasolina como en peajes (cuestiones como la pérdida de valor del vehículo son más difíciles de estimar).

¿Te comprarías un coche?

Si vives en una ciudad, y no tienes hijos, desde luego las cuentas no salen. En un post anterior ya hablamos del fenómeno del carsharing, es decir, compartir el coche: los asientos que te sobran en un determinado trayecto, o el coche entero durante las horas en que no lo utilices. Incluso las plazas de párking están claramente desaprovechadas buena parte del día.

Veamos algunas de las apps más relevantes:

Social Car es una plataforma donde se pueden alquilar vehículos a otros particulares durante las horas o los días en los que fuera a estar parado.

BlaBlaCar es un portal donde personas que van a hacer un viaje buscan ocupantes con los que rellenar algunos o todos los asientos vacíos, y compartir así los gastos del trayecto.

Lyft promete. Aún no ha llegado a España, pero sin duda es disruptivo. Consiste en una app donde los usuarios introducen el recorrido que van a hacer en una determinada área metropolitana, y si a otro usuario le cuadra, ¡hecho! Es como BlaBlaCar, pero para recorridos cortos o urbanos, y más espontáneo.

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