¿Dónde queremos poner nuestro euro?

La fuerza de la costumbre nos lleva a dar por hecho muchas cosas, pero un buen día alguien decide cambiarlas, y por inercia o por pereza todos seguimos actuando igual que antes.

Como ejemplos que demuestren la afirmación anterior podemos citar numerosas situaciones cotidianas donde hemos aceptado el cambio sin demasiada protesta: el pago de las bolsas del supermercado, el coste del pan fuera del menú, o el saber que número nos está llamando, aunque lo tengamos grabado en nuestro teléfono.

En este sentido, algunas teleoperadoras van dando pequeños pasos, despacito y sin hacer ruido, para que no se note mucho. Primero, desactivan por defecto un servicio que antes era gratuito: identificador de llamadas en número fijo. Una vez contratas una línea y descubres que no sabes quien te está llamando en ese momento y que lo único que aparece en la pantalla es un número de teléfono (que por cierto, te suena haber grabado asociado a un nombre), consultas con tu compañía y… ¡oh sorpresa! El servicio tiene un coste asociado, no muy grande, pero del que no habías sido informado y que recuerdas siempre había sido gratuito. Si quieres saber quien te llama, aunque lo tengas grabado en tu agenda del móvil, has de pagar por ello.

Otro buen día, empiezas a recibir SMS avisándote de que tienes mensajes en tu buzón de voz… Tú no recuerdas haberlo activado, es más, no quieres tener el dichoso buzón de voz activo. Y de nuevo la misma historia, pero con un agravante añadido: también te cobran por ello y lo han activado sin que pudieras darte cuenta hasta que ya era efectivo.

¿Qué hacer en ese momento? Total, puede que solo sea un euro. Y para que no te lo cobren, debes realizar una gestión que te llevará un buen rato… y no tienes tiempo y lo dejas para otro momento. Y mientras, sigues pagando ese euro, más el otro, más el otro…

Es curioso el valor que le llegamos a dar a esa cantidad. Por lo general, en una tarifa un euro más o menos puede suponer que nos decidamos por una u otra compañía, pero si ese euro está camuflado en forma de “servicios“, no le damos el mismo valor.

Algunos organismos que velan para que a los consumidores no les tomen el pelo ya están denunciando estas prácticas. Pero todos nosotros somos responsables, ya que permitirlo sin hacer nada al respecto es autorizarlo por omisión. Por ello, debemos analizar donde ponemos nuestro euro de aportación: ¿en una compañía a la que le supondrá en la práctica muchos miles de euros de ingresos extras, o donde nuestro consumo responsable nos indique?

La pregunta queda planteada, la decisión es de cada uno de nosotros.

En Sin Vuelta de Hoja | ¿Cómo contratar la tarifa de móvil ideal?

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