Bienvenidos a la Google House

Google ha montado en varias ciudades –incluida Madrid- una demostración de cómo imagina que será el hogar del futuro. Lo más curioso de todo es que toda la tecnología que propone existe ya, y de hecho muchos de nosotros la usamos casi a diario. Estamos mucho más cerca de ese soñado hogar conectado de lo que pensamos.

Empezamos la visita por la cocina, que junto a los fogones cuenta con una columna central con una pantalla incorporada. En ella está abierto el buscador de Google, el mismo que usamos habitualmente en nuestro ordenador. En este caso, el cocinero pulsa sobre el botón del comando de voz y pregunta: “cómo cocinar palmeras de chocolate” o “ingredientes de un bizcocho”. Lo mismo da. La voz hace la interactuación mucho más natural, y funciona razonablemente bien; aunque no siempre funciona a la primera, pronto lo hará.

Lástima que la pantalla no esté preparada para ser tocada con manos mojadas o manchadas, aunque ésas son también cuestiones que ya están solventadas. Dispositivos como en HTC One M8 cuentan con una funda –opcional- preparada para descolgar una llamada aunque tengas las manos mojadas.

De la cocina, pasamos al salón. A poca distancia del televisor, curiosamente, hay otra columna con una pantalla incorporada desde la que se puede abrir Google Play y comprar una película, por ejemplo. La televisión y el ordenador están conectados, en este caso a través de Chromecast.

En las habitaciones, más de lo mismo. Desde el vestidor, la chica que nos atiende simula una videoconferencia con una amiga, empleando Google Hangouts. A continuación, busca en YouTube vídeos tutoriales sobre una determinada tendencia en maquillaje. Lo hace, por supuesto, usando la voz.

En el cuarto de los chicos, éstos pueden buscar vía voz información sobre sus grupos de música preferidos, o sobre el resultado de un partido de fútbol, por ejemplo. Y en el de las chicas, éstas buscan vía voz información para hacer un trabajo del instituto, que guardan y comparten en una carpeta en Google Drive.

¿Qué conclusión extraemos de todo esto? Que para que la tecnología sea verdaderamente intuitiva, no hay nada mejor que la voz. Microsoft hizo un gran trabajo en su día con Windows, un sistema que por primera vez hacía accesible la informática a personas que no tuvieran ni idea. Con el iPhone, Apple dio un paso de gigante, extendiendo el uso de las pantallas táctiles. ¿Cuál es el siguiente paso? El reconocimiento de voz, de movimientos y de gestos. Sobre todo lo primero, pues es aplicable a todo tipo de situaciones. Además, requiere de menos sensores (abaratando el coste de fabricación de los dispositivos) y por lo tanto consume menos batería.

¿Os ha convencido la casa? A nosotros sí, pero echamos en falta una demostración de todo lo que tiene que ver con domótica -¿habéis oído hablar del frigorífico que encarga la compra por ti? ¿Y de los termostatos inteligentes de Nest, la empresa que Google compró hace poco?-. Aquí también está todo inventado. No es un problema de tecnología, sino de coste.

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