Alejandría en mi bolsillo

¡Ay, si la biblioteca de Alejandría hubiese estado en la nube! ¿Os imagináis que los cientos de miles de papiros que había en aquel mítico lugar hubiesen estado a buen recaudo en algún sitio seguro, indestructible, eterno… en algún lugar como la famosa nube digital?

Cuentan que antes de incendiarse –no está del todo claro cuándo ni por culpa de quién-, Alejandría albergaba la mayor y mejor colección de textos de todo el mundo. Las obras de autores como Platón o Sófocles, parte de la literatura oriental y las grandes obras de la antigüedad que han llegado hasta nuestros días son solo una parte de lo que albergaba aquel paraíso del saber. Dicen que el mundo moderno no sería el mismo si la biblioteca de Alejandría no hubiese desaparecido. Pero, ¿y el mundo del futuro? ¿Cómo será teniendo en cuenta que hoy día somos capaces de almacenar, copiar y poner a disposición de todo el mundo cantidades ingentes de información? Desde el último y efímero best seller de asesinos escandinavos hasta los clásicos del Siglo de Oro o la discografía de Jimmy Hendrix, la mayoría de los productos culturales conocidos están grabados y se encuentran al alcance de prácticamente cualquiera.

Y ya ni siquiera es necesario almacenarlos en la memoria de alguno de los dispositivos que hay en el mercado. ¿Para qué molestarse en seleccionar el libro que leeremos en nuestras próximas vacaciones, si existe la posibilidad de tener prácticamente el que queramos gracias a servicios como 24symbols? ¿Y quién se va a conformar con tener “solamente” cien álbumes en su mp3 portátil si con Spotify, por ejemplo, puede acceder a millones de canciones? Por muy poco dinero (y en el caso de 24symbols gratis, gracias a MASMOVIL), el aficionado a la cultura puede hacer realidad su sueño de convertirse en ese niño goloso que se queda encerrado en una pastelería durante la noche y puede comer cuanto quiera. Pero ni leer ni escuchar música engordan, y uno no tiene por qué atiborrarse porque sus manjares favoritos siempre van a estar ahí. De manera legal, fácilmente accesibles y presentados de una manera atractiva.

Y es que todo apunta a que el consumo de muchos productos, los culturales entre ellos, se nos ofrecerá cada vez más en forma de “tarifas planas”, y pagaremos por acceder a inmensos contenedores de música, libros, juegos, series y películas, en vez de pagar por separado por cada ítem. Hace años que se especula con la llegada a España de Netflix, el videoclub online que vuelve locos a los cinéfilos del otro lado del charco; y los mencionados casos de Spotify o 24symbols cubren eficazmente las “necesidades” musicales y literarias del consumidor medio. Las editoras musicales llevan tiempo quejándose de lo que les ha perjudicado internet, pero lo cierto es que las cifras de negocio se mantienen en el caso de la música en formato físico y se han disparado en el caso de la música digital. En países como Estados Unidos o la India, ya se compra más música en este formato que en discos convencionales. ¿Será que el consumo de cultura no se crea ni se destruye, sino que solo se transforma? Las grandes multinacionales que tradicionalmente hacían de intermediarios entre los creadores y los consumidores de cultura han maldecido una y otra vez los negros nubarrones que se cernían sobre su modelo de negocio. Y resulta que la solución podría estar precisamente ahí: en la nube.

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