¡Rebájame ese electrón! De libros y ebooks…

Ah, los ebooks. Esos nuevos formatos que tan de cabeza traen a muchos, y que tantos ríos de tinta (e-tinta) derrama. ¿Por qué no nos cuesta mucho menos una versión electrónica que una versión de un libro tradicional? Tapa dura o tapa blanda… es indiferente cuando nos encontramos casos de ebooks de mayor costo que sus equivalentes impresos. ¿Nos están engañando?

Lo primero que debería aclarar es que yo soy un fanático de los libros de bolsillo. Si, nada de tapas duras que me incomodan a la hora de leer, prefiero los libros de bolsillo, o como me gusta llamarlos, “en rústica”. Su olor, su “textura”… en fin, soy un romántico o quizás me he quedado obsoleto yo también. Entiendo pagar 5, 6, 10 euros por un libro en rústica, pero me resisto a financiar intereses creados pagando más de 5 euros por un libro electrónico.

No pretendo que se me vea como un revolucionario antitecnología: al contrario, soy un incondicional de la tecnología… a precios razonables. Se tiene la creencia que la tecnología nos abre un futuro de productos a menor precio, más asequibles para todos. Eso no es así el 100% de las veces. Ocurre que a veces la mejor tecnología no se generaliza en un mercado y por tanto, jamás baja de precio.

En el caso de los libros electrónicos, me ha gustado leer una reseña sobre el Kindle y Amazon, de cómo es posible que los precios de los libros electrónicos sean más altos que sus equivalentes impresos en rústica. Precios pactados con las editoriales, valores añadidos (utilidades como marcapáginas y otros, inmediatez en la posesión de un libro tras la compra, ahorro de espacio…), en fin, factores que parecen justificar más coste a pesar de tener menos coste de producción por unidad.

Yo sigo pensando que la intuición cuenta en este caso. Si pasarnos a la e-lectura cuesta más dinero por, aparentemente, menos coste de producción; si para disfrutar de la lectura tenemos que invertir en un lector, más un coste equivalente a muchos libros de bolsillo, incluso más caros; si yo no voy a poder pasar las hojas y disfrutar con el olor característico del libro añejo… entonces me parece un gasto no muy racional. ¡Pero cada uno es un mundo! Yo solo espero a que me rebajes ese electrón.

Foto | Andrew Mason

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